Las pérdidas de agua son más o menos importantes según la actividad, la temperatura, etc. Sin embargo, la deshidratación, si llega a un determinado nivel, tiende a disminuir el volumen sanguíneo y puede reducir la cantidad de agua en el interior de las células. Y las células del cerebro son especialmente sensibles a este tipo de problema. Una pérdida de agua de más del dos por ciento de la masa corporal (es decir, más de ¼ de litro para una persona de 70 kilos) provoca un descenso en el rendimiento físico y puede afectar a los procesos mentales, por ejemplo a la capacidad de concentración. Por eso es fundamental beber al menos un litro y medio de agua al día, aunque no tengamos sed.

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